Este espejismo de democracia se completa con el todavía más alienante de la globalización, un sistema que hace competir a los trabajadores de los países avanzados, con titulo pleno de tales, tanto por sus derechos conquistados a fuerza de generaciones como por el sistema de bienestar, un autentico colchón social, con otros trabajadores que lo son por que trabajan pero en realidad se mueven en un ámbito cercano a la esclavitud; la globalización pone así en el mercado de trabajo millones de subproletarios que por un efecto de vasos comunicantes devalúan los salarios y las condiciones de los primeros. El liberalismo usurpa así un valor tradicional de la izquierda, la solidaridad internacional, para utilizarlo a su favor y deslocalizar capitales, esa es la única libertad real de la globalización la libertad de movimientos del capital.
Esta dinámica económica bastarda creo entre finales del siglo pasado y los años iniciales del siguiente una bomba-globo de capital especulativo que se movía buscando los beneficios rápidos y normalmente improductivos a nivel empresarial. El resultado fue una implosión del sistema productivo por la desaparición de falsos capitales y la generalización de la desconfianza económica que se tradujo en problemas graves en las bancas y la consiguiente retracción del necesario crédito a personas y empresas.
Los gastos de esta desconfianza fueron asumidos por los diferentes gobiernos cuyas arcas inevitablemente se nutren de los impuestos de sus ciudadanos provocando un aumento de su ya voluminoso déficit público y en el colmo de la ironía fueron los mismos árbitros económicos que habían propiciado la crisis los que trasladaron la desconfianza a los gobiernos obligando a estos a tomar medidas de ajuste basadas en la reducción de sus estados de bienestar, es como el familiar que nos pide dinero y luego nos echa en cara que nos lo hemos gastado. Lo que realmente se pretende es crear el precedente de que el riesgo económico lo asuman los ciudadanos y los beneficios los extraigan los dueños del capital.
