lunes, 29 de octubre de 2012

La Globalización y la crisis

La Globalización

 Este espejismo de democracia se completa con el todavía más alienante de la globalización, un sistema que hace competir a los trabajadores de los países avanzados, con titulo pleno de tales, tanto por sus derechos conquistados a fuerza de generaciones como por el sistema de bienestar, un autentico colchón social, con otros trabajadores que lo son por que trabajan pero en realidad se mueven en un ámbito cercano a la esclavitud; la globalización pone así en el mercado de trabajo millones de subproletarios que por un efecto de vasos comunicantes devalúan los salarios y las condiciones de los primeros. El liberalismo usurpa así un valor tradicional de la izquierda, la solidaridad internacional, para utilizarlo a su favor y deslocalizar capitales, esa es la única libertad real  de la globalización la libertad de movimientos del capital.

La Crisis.

 Esta dinámica económica bastarda creo entre finales del siglo pasado y los años iniciales del siguiente una bomba-globo de capital especulativo que se movía buscando los beneficios rápidos y normalmente improductivos a nivel empresarial. El resultado fue una implosión del sistema productivo por la desaparición de falsos capitales y la generalización de la desconfianza económica que se tradujo en problemas graves en las bancas y la consiguiente retracción del necesario crédito a personas y empresas.

 Los gastos de esta desconfianza fueron asumidos por los diferentes gobiernos cuyas arcas inevitablemente se nutren de los impuestos de sus ciudadanos provocando un aumento de su ya voluminoso déficit público y en el colmo de la ironía fueron los mismos árbitros económicos que habían propiciado la crisis los que trasladaron la desconfianza a los gobiernos obligando a estos a tomar medidas de ajuste basadas en la reducción de sus estados de bienestar, es como el familiar que nos pide dinero y luego nos echa en cara que nos lo hemos gastado. Lo que realmente se pretende es crear el precedente de que el riesgo económico lo asuman los ciudadanos y los beneficios los extraigan los dueños del capital.

jueves, 23 de agosto de 2012

La solidaridad no consiste en asaltar supermercados. Heraldo de Aragón 12 Agosto 2012:

LA CARIDAD LA JUSTICIA.

Con la expansión de la crisis brutal se abren paso conceptos, positivos, que parecían u tanto enterrados en la época de expansión consumista que la precedió: Solidaridad y Caridad, conceptos que parecen lo mismo pero no lo son. En la carta referida vemos un ejemplo claro del caso: el autor esta muy de acuerdo con la expresión de horror que nos sacude ante la vista de la necesidad, de la sombra del hambre pero se horroriza todavía más ante un elemento perturbador del orden como es el pillaje de alimentos, la ruptura, más bien simbólica, del concepto sagrado de propiedad privada y tacha de incultura el uso de instrumentos “obsoletos” como la ocupación de fincas y el asalto a supermercados, lo serian si no fuera porque se están empleando contra un sistema que precisamente pretende la vuelta social al siglo XIX borrando de la Historia todo un siglo de luchas y reivindicaciones, la desaparición del siglo XX es la utopía del sistema neoliberal y para ello sustituimos el concepto no ya de solidaridad, sino el de justicia social, por el antiquísimo principio de Caridad, más dulce, más tranquilo,  un concepto que superpone al beneficiarte sobre el beneficiario dejando el orden social en su sitio de manera amable para el primero. La diferencia fundamental ente la Caridad y la Justicia Social es la Dignidad, otro concepto que la clase dominante llama orgullo entre los pobres y honor en sí mismos. Lo siento, mi bienintencionado autor, pero a pesar de que le asalten los demonios de una moral al servicio de un orden sacralizado no habrá paz sin justicia por muchas toneladas de caridad cristiana con que usted quiera contrarrestar la evidente injusticia entre quien no tiene nada y los que lo tienen todo.

Un lugar para soltar las pajas mentales sobre lo que no les gusta oir, lo que no nos gusta entender, lo que molesta al orden.